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Tatuajes de dragones, una de las criaturas más antiguas y universales de la imaginación humana.
Pocas figuras son tan universales como el dragón. Aparece, casi sin excepción, en las tradiciones de pueblos que jamás tuvieron contacto entre sí: en Asia, en Europa, en América y en Oceanía surgió de forma independiente la misma idea — una criatura serpentina y alada, capaz de habitar el agua, la tierra y el cielo a la vez.
En la mitología china, el dragón es protector y portador de buena fortuna: gobierna las lluvias y los ríos, y se asocia al poder del emperador. En el budismo y el hinduismo, los nagas —deidades serpiente— cumplen un papel parecido como guardianes de las aguas y del conocimiento antiguo. En la tradición azteca y maya, Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, es directamente un dios creador.
Occidente, en cambio, le dio al dragón un rol distinto: el de adversario primordial. En la mitología nórdica aparece Jörmungandr, la serpiente que rodea el mundo, y Fafnir, guardián de tesoros. En el imaginario medieval europeo y en textos religiosos como el Apocalipsis, el dragón encarna el caos que el héroe —o el santo— debe enfrentar y vencer. Una misma criatura, leída como enemigo en un extremo del mundo y como guardián sagrado en el otro.
Esa doble lectura —fuerza destructiva y fuerza protectora— es justo lo que hace al dragón un motivo tan potente para tatuarse: cada persona puede llevarlo con el significado que más le haga sentido. En esta galería reunimos el trabajo de Rubén, José Ángel, Krimatt y Sebastián, cuatro artistas con miradas muy distintas sobre el mismo animal mítico: del dragón oriental a todo color al trazo lineal en negro.
Artista: Rubén
Artista: Krimatt
Artista: José Ángel
Artista: Krimatt
Artista: Sebastián
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